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El brazo reproductor de los pulpos machos es un órgano sensorial que detecta progesterona

Ciudad De México, 03 de abril de 2026.- Una investigación constató que uno de los ocho brazos de los pulpos machos, el que les sirve para reproducirse, tiene la capacidad sensorial de detectar y fecundar a las hembras sin tan siquiera verlas.

El hallazgo protagoniza la portada de la revista Science. El equipo de investigación está compuesto por doce investigadores pertenecientes a universidades de Estados Unidos, Japón y Suecia.

El brazo especializado para el apareamiento se llama hectocótilo. Previamente se había descubierto que ese brazo estaba especializado para el apareamiento, pero se desconocía que fuese un órgano sensorial mediante el cual los pulpos reconocen a sus parejas y las fecundan.

Nicholas Bellono señaló: “Previamente habíamos descubierto que ese brazo estaba especializado para el apareamiento, pero se desconocía que fuese un órgano sensorial mediante el cual los pulpos reconocen a sus parejas y las fecundan”.

La liberación de esperma solo se produce cuando las pequeñas ventosas de la punta del hectocótilo entran en contacto con la progesterona de las hembras. Una sola ventosa del pulpo contiene unas 10 mil células sensoriales.

En un experimento, científicos colocaron pulpos machos y hembras, de la especie ‘Octopus bimaculoides’ del Pacífico, a ambos lados de una barrera opaca en un tanque de agua salada. Incluso sin señales visuales, el macho podía alcanzar el otro compartimento, encontrar a la hembra e insertar la punta del hectocótilo en su manto.

Pablo Villar explicó: “Nos sorprendió descubrir que el hectocótilo estaba salpicado de sensores iguales a los de los demás tentáculos y que los machos no lo suelen usar para explorar o buscar alimento. Lo mantienen cerca del cuerpo, enrollado, y no lo utilizan para explorar el fondo marino sino para aparearse”.

Respecto a la sensación, Villar detalló: “Es como una mezcla entre olfato y gusto, tiene que tocar, pero también es químico. Es una mezcla de sentidos. Nosotros no tenemos esa modalidad sensorial, entonces imaginarse qué es lo que se siente gustando con la punta de los dedos, es una cosa extraña”.