Por Mauricio Palomares (@mautopista), periodista miembro de la Red Mexicana de Periodistas Ambientales
Cada vez que una ciudad declara *contingencia ambiental*, no solo se activan protocolos técnicos: se revela una verdad incómoda. El aire contaminado es el síntoma visible de un modelo urbano que ha priorizado la velocidad, el consumo y el crecimiento sin equilibrio sobre la salud colectiva.
Desde una visión *solarpunk*, estas declaratorias no deberían entenderse únicamente como emergencias temporales, sino como advertencias sistémicas: señales de que la relación entre las ciudades y la naturaleza está rota.
La contingencia ambiental expone desigualdades profundas. No afecta a todos por igual: impacta con mayor fuerza a quienes viven cerca de corredores industriales, zonas de tráfico intenso o áreas con menor infraestructura verde. En ese sentido, el aire contaminado es también un problema de justicia social.
Pero el enfoque solarpunk propone ir más allá del diagnóstico y el miedo. En lugar de pensar la contingencia como una catástrofe inevitable, plantea verla como un punto de inflexión: el momento en que una sociedad decide transformar su modelo urbano hacia uno regenerativo, limpio y comunitario.
Los ejemplos internacionales muestran que esta transición es posible.
*En Copenhague*, tras décadas de contaminación severa en los años setenta, la ciudad apostó por una revolución silenciosa: rediseñar su movilidad en torno a bicicletas, transporte público eléctrico y espacios verdes interconectados. Hoy, más del 60% de los desplazamientos diarios se realizan en bicicleta, y la calidad del aire ha mejorado de forma sostenida. La contingencia dejó de ser una crisis recurrente para convertirse en un recuerdo histórico.
Otro caso emblemático es *Friburgo*, en Alemania, donde se implementó un modelo urbano basado en energía solar, barrios de baja emisión y planificación ecológica participativa. Allí, la reducción de contaminantes no se logró con medidas restrictivas temporales, sino con un cambio estructural hacia energías limpias y movilidad sustentable.
Estos ejemplos reflejan la esencia del pensamiento solarpunk: no se trata solo de resistir las crisis ambientales, sino de imaginar y construir ciudades donde el bienestar humano y el equilibrio ecológico sean inseparables.
En este contexto, cada declaratoria de contingencia debería ser leída como una pregunta colectiva: ¿seguiremos reaccionando con medidas de emergencia o aprovecharemos estas señales para rediseñar nuestras ciudades hacia un futuro respirable?
El verdadero reto no es sobrevivir a los días de mala calidad del aire, sino construir sociedades donde la contingencia ambiental deje de ser una constante y se convierta en una historia superada. Ese es, precisamente, el horizonte solarpunk: un futuro donde la tecnología, la naturaleza y la comunidad convivan en armonía, y donde respirar aire limpio no sea un privilegio, sino un derecho cotidiano.















